Los turistas espaciales podrían tener sexo en el espacio, pero también quedarse estériles
Aunque el sexo en el espacio está resuelto, un estudio advierte que los turistas espaciales puede tener riesgo de infertilidad a causa microgravedad y radiación
Durante décadas, el espacio fue un lugar de trabajo austero para astronautas muy entrenados. Hoy, con la oferta de vuelos comerciales al espacio y planes para establecer bases lunares, los civiles están poniéndose el traje espacial.
Sabemos que la microgravedad debilita los huesos y músculos y altera las hormonas. También sabemos que la radiación cósmica es mucho mayor que en la Tierra. Lo que ignoramos, y urge resolver, es cómo todo eso afecta a la reproducción humana. En ese vacío de pruebas se instala un nuevo estudio de Reproductive BioMedicine Online firmado por especialistas en reproducción y bioética y coordinado por el científico de NASA Fathi Karouia.
El riesgo de infertilidad para los turistas espaciales
Los ingenieros ya han fantaseado con la logística de tener sexo en microgravedad. En ingravidez, un empujón suave separa los cuerpos. De ahí ideas como el 'cinturón de descastidad', un arnés elástico para permanecer unidos. El problema serio, señalan los autores, no es mecánico sino biológico. La microgravedad desregula el sistema endocrino. La radiación, tanto galáctica como solar, daña ADN. Experimentos con animales muestran ciclos menstruales alterados y ovocitos con lesiones. El esperma, expuesto a condiciones de vuelo, sufre daño genético. Todo apunta a un entorno hostil para gametos y embriones.
Giles Palmer, embriólogo clínico y coautor, resume la urgencia con claridad. 'Hacen falta directrices antes de que las cosas se nos vayan de las manos', afirma. La frase no va de prohibir el sexo en el espacio. Va de gestionar riesgos previsibles. La apertura del acceso aumenta las probabilidades de encuentros íntimos y, por tanto, de concepción. El turismo suborbital ya existe y se amplía. Misiones privadas más largas asoman en el horizonte. Estados Unidos y China hablan de bases lunares permanentes. Con cada nueva puerta abierta, el riesgo deja de ser teórico y se vuelve operativo.
El estudio recuerda que la evidencia humana es escasa y corta. Las astronautas de las misiones del transbordador, viajes de días, tuvieron embarazos normales en la Tierra. No podemos extrapolar eso a estancias de meses. La pérdida de hueso en órbita ocurre deprisa, incluso con ejercicio. Nadie sabe si una pelvis tras meses sin gravedad toleraría un parto. Nadie sabe si un feto se desarrollaría con normalidad sin el vector constante de la gravedad, ni si un bebé nacido fuera podría adaptarse luego a la vida terrestre. La literatura animal inquieta: embriones expuestos a microgravedad y radiación se dividen peor o más despacio que los controles en tierra.
Puedes tener sexo, pero concebir en el espacio es mala idea
El trabajo también apunta a la fertilidad de quienes regresan. Si microgravedad y radiación dañan gametos, el problema no es solo concebir en órbita. Es volver y encontrar una fertilidad mermada. La buena noticia, limitada, es que las agencias ya han movido ficha. NASA respalda a astronautas que eligen congelar óvulos o tejido ovárico antes de misiones. La medida busca blindar la reserva ovárica frente a la radiación. Es una protección parcial y no resuelve el panorama para turistas espaciales.
Aquí aparece el agujero normativo. Las agencias nacionales tratan el embarazo como causa médica de exclusión. El ecosistema comercial vive, en cambio, en una zona gris. No hay reglas vinculantes, sectoriales y comunes, sobre sexo y riesgos reproductivos para turistas. La presión social crecerá a medida que crezca la oferta. En abril, incluso vimos un vuelo suborbital con tripulación íntegramente femenina con figuras como Lauren Sánchez y Katy Perry, un símbolo de lo que viene para el acceso civil. Esa normalización convive con un vacío de guías sobre fertilidad y embarazo en vuelo.
El artículo insiste, y conviene enfatizarlo, en que no promueve la reproducción en el espacio. Defiende anticiparse. 'La cuestión de la fertilidad humana en el espacio ya no es teórica, sino urgentemente práctica', escriben. Eso significa protocolos de consentimiento informado específicos, cribados y seguimientos de fertilidad pre y posvuelo, criterios claros para excluir riesgos inaceptables, y una línea roja ética mientras falte evidencia. Significa también investigación bien diseñada, con modelos animales y organoides, y con biobancos que permitan medir daño real, no intuiciones.
 
 
Fuente: https://quo.eldiario.es/








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